9 abr. 2011

Río: flores en el aire, desmayos y lágrimas en el funeral de los chicos

 

09/04/11

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Una multitud acudió ayer a los entierros de las víctimas del ataque a una escuela, el jueves. Un helicóptero de la policía arrojó pétalos sobre la gente. Sin consuelo, la madre de una de las nenas asesinadas se desvaneció en el cementerio.

Por Eleonora Gosman
SOLO DOLOR. FAMILIARES LLORAN SOBRE EL CUERPO DEL NIÑO RAFAEL PEREIRA DA SILVA, AYER, DURANTE LOS FUNERALES EN UN CEMENTERIO DE RIO DE JANEIRO. 

SOLO DOLOR. FAMILIARES LLORAN SOBRE EL CUERPO DEL NIÑO RAFAEL PEREIRA DA SILVA, AYER, DURANTE LOS FUNERALES EN UN CEMENTERIO DE RIO DE JANEIRO.

ULTIMO ADIOS. AMIGOS Y FAMILIARES DESPIDEN AYER A UNA DE LAS VICTIMAS. 

ULTIMO ADIOS. AMIGOS Y FAMILIARES DESPIDEN AYER A UNA DE LAS VICTIMAS.

Vestido con una camiseta azul, Eduardo Moraes da Silva de 11 años, se aferra al cajón. Adentro están los restos de su hermano mayor Igor, de 13 años, la víctima décimo segunda de la matanza ejecutada el jueves en el colegio carioca Tasso da Silveira por Wellington Menezes. Ambos compartían amigos y solían ir juntos a clase. Ayer, los compañeros rodearon a Eduardo cuando un helicóptero desparramó rosas sobre el cortejo; en ese momento, el rostro del chico se contrajo y su cuerpo tembló.

Igor fue el último chico enterrado ayer en el cementerio “Jardín de la Nostalgia”, localizado en la región de Sulacap en el Oeste carioca.

Llegó a ser internado con heridas graves después del tiroteo demencial, pero no resistió . Eduardo creyó que lo tendría de vuelta para “jugar fútbol”. A él le encantaba “patear la pelota” con el mayor. Pero Igor yace ahora en un campo amplio y plano donde lápidas alineadas en tierra, con inscripciones hechas a mano, demarcan las tumbas cubiertas de pasto.

Si Eduardo sigue vivo es porque lo acompañó la suerte y los rápidos reflejos de un profesor que colocó escritorio y pupitres para atrancar la puerta del aula. Al oír los disparos del revólver calibre 38 que portaba Wellington, “me escondí debajo de la mesa”, contó a periodistas, entre ellos la enviada de este diario. “Pensé que se trataba de un juego de amigos en el pasillo. Pero me dí cuenta que se trataba de tiros, muchos tiros”. Después “oí los gritos y vi a mis compañeros tendidos en el suelo”. Ayer al mediodía, el chico regresó a la escuela en el momento en que la ONG “Río de Paz” colocaba frente al establecimiento 12 floreros y numerosas velas. Muy cerca, los maestros –agrupados bajo el seudónimo “Profesora Las Lágrimas– colocaban doce cruces por cada una de las vícitmas. En una pizarra escribieron: “La familia carioca está de luto”.

Hacía unos minutos que Mónica intentaba recuperarse de un desmayo. Fue al terminar el entierro de su hija Mariana Rocha de Sousa, de 13 años. Sin poder decir nada, la mujer vio como el cemento sellaba la placa del nicho 336 y cayó al suelo. “Mónica, vamos, ánimo”, le repetían los familiares. “Ella está ahora cohn Dios”, le decían como consuelo. A pocos metros, en el nicho 347, fue enterrada Larryssa dos Santos Atanásio, también de 13 años. Su madre contenía las lágrimas intentaban despedirla tocando la lápida por unos minutos hasta que perforó el cemento fresco para poner una rosa blanca.

“Ese miserable destruyó nuestra familia. No tiene corazón. Lo que hizo fue horroroso”, dijo con tanta bronca como dolor Jackson da Silva, padrino de Laryssa.

Conmocionados por la masacre que segó la vida de 12 pibes, los cariocas no lograban entender las causas de ese hecho traumático. “Busco y busco explicaciones, pero no encuentro ninguna”, se lamentó Ademar, de 62 años, una de las 2.000 personas que ayer despidieron los restos de los chicos.

En la puerta del hospital Albert Schweitzer un hombre lloraba frente a las cámaras de tevé: “Mi hijo iba a esa escuela porque pretendíamos lo mejor para él”. Edson Wander no tenía consuelo:su “muchachito” se encuentran en estado grave. “Le quiero decir que confíe en las manos de Dios, que va a salir de ésta”, repetía como para convencerse.

Los peritos contaron ayer los impactos de los proyectiles disparados por Wellington Menezes de Oliveira hasta que el sargento Marcio Alves, de la Policía Militar, interrumpió el baño de sangre. Son en total 66 balas. En el escenario de la matanza, que ocurrió entre la planta baja y el primer piso de la escuela (de tres niveles), los investigadores hallaron ocho cargadores (de seis balas) y 25 municiones no utilizadas.

El jefe de los peritos sostuvo que el asesino cargó 9 veces la 38 que portaba .

El comisario Felipe Ettore que lidera la División de Homicidios de la Policía Civil dio algunas pistas sobre las características del matador Menezes de Oliveira: “Es una persona con una tendencia a la enfermedad mental, dado que era muy introvertido y manifestaba cierta incoherencia”. El cuerpo de Wellington, quién se suicidó al verse acorralado, sigue en la morgue fluminense. Según las autoridades, permanecerá allí durante 15 días y si nadie reclama su cuerpo lo declararán indigente.

Esto significa que irá a una fosa común . El joven había pedido, en una carta encontrada en su chaqueta, que lo enterraran al lado de su madre adoptiva, muerta hace dos años. La misiva que dejó este muchacho de 23 años, redactada en computadora y luego impresa, es una colección de referencias religiosas radicales. Lejos de lo que se dijo en un principio no son frases incoherentes. Responden, en realidad, a un modo de pensamiento característico de ciertas sectas de extrema derecha.

“Por ahora pensamos la iniciativa del ataque partió de Wellington”, sostuvo el comisario Ettor. Sin embargo, el gobernador Sergio Cabral y el alcalde de Río, José Eduardo Paes, sugirieron en una conferencia de prensa que el joven pudo haber actuado bajo influencia de otras personas. Ambos sostuvieron que alguien “lo entrenó en el manejo de las armas”.

Bono y Dilma, “muy tristes”

Bono, el líder de la banda irlandés U2, se reunió ayer en Brasil con la presidenta Dilma Rousseff, a quien transmitió su dolor y pesar por la tragedia ocurrida en la escuela de Río de Janeiro. Juntos, según contó, rezaron en memoria de los chicos asesinados. “Dilma estaba muy triste, todos nosotros estamos tristes. En condición de padres, estamos todos tristes. Es muy difícil pensar sobre esto, pues uno piensa en sus propios hijos. Nuestras oraciones fueron para las madres y las familias”, dijo el vocalista en un rápido contacto con la prensa. Luego, ambos almorzaron y dialogaron sobre la actualidad y los cambios en Brasil.

BRASILIA. DPA

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